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¿Sientes un dolor sordo y profundo en la zona lumbar que a veces "pincha" y baja por tu pierna? ¿Te cuesta levantarte de una silla después de estar sentado un rato? ¿La ingle te molesta sin razón aparente? Podrías estar sufriendo en silencio la queja de un músculo vital y profundamente emocional: el psoas ilíaco. Lejos de ser un simple engranaje en nuestra maquinaria corporal, este músculo es un barómetro de nuestro estado interior, un verdadero "músculo del alma".
En mis años de práctica como Maestro de Reiki, he visto cómo las tensiones no expresadas, los miedos y el estrés crónico de la vida moderna se alojan en este músculo profundo, creando un grito silencioso que se manifiesta como dolor físico. Hoy vamos a desentrañar juntos los misterios del psoas, entender por qué sufre y cómo, desde una perspectiva tanto energética como física, podemos devolverle la paz y la flexibilidad.
¿Qué es el Psoas Ilíaco y Dónde se Siente su Dolor?
Imagina dos potentes y fibrosos músculos que conectan tu columna vertebral (desde la última vértebra dorsal y todas las lumbares) con tus piernas (específicamente, con el fémur). Eso es el psoas ilíaco. Es el único músculo que une directamente el tronco con el tren inferior, permitiéndonos caminar, correr, y mantenernos erguidos.
Cuando este músculo se contractura o debilita, no siempre grita donde esperarías. Sus síntomas son camaleónicos y a menudo se confunden con otros padecimientos. El dolor principal suele manifestarse en:
La zona lumbar baja: Un dolor persistente y profundo, a un lado o a ambos de la columna.
La ingle: Una molestia punzante en la parte anterior de la cadera.
La parte delantera del muslo: Un dolor que irradia hacia la rodilla.
Dolor al estar de pie: La sensación de no poder erguirse completamente.
Dificultad para levantarse: Rigidez y dolor al incorporarse tras estar sentado.
La Peligrosa Danza con la Ciática y el Lumbago
Muchos de mis consultantes llegan a mi consulta con un diagnóstico de lumbago o pinzamiento del nervio ciático, habiendo probado múltiples tratamientos sin encontrar alivio duradero. La razón, a menudo, es que no se está mirando a la raíz energética y física del problema: el psoas.
Relación con el lumbago: Un psoas acortado y tenso tira constantemente de las vértebras lumbares hacia adelante y hacia abajo. Esto aumenta la curvatura lumbar (hiperlordosis), generando una compresión y una tensión crónica en los discos y la musculatura de la espalda baja. Es el escenario perfecto para un lumbago recurrente. Tu cuerpo no está "mal", simplemente está respondiendo a una tensión insostenible.
Relación con la falsa ciática: El psoas, en su recorrido, pasa muy cerca del plexo lumbar, una red de nervios de donde emerge, entre otros, el nervio femoral. Más importante aún, su tensión puede alterar la mecánica de toda la pelvis, llevando a la contractura de otros músculos profundos como el piramidal, por debajo del cual pasa el famoso nervio ciático. Un psoas tenso puede, por tanto, ser el instigador de una compresión nerviosa que imita a la perfección los síntomas de la ciática: dolor, hormigueo o debilidad que se irradia por el glúteo y la pierna.
La Perspectiva Energética: ¿Por Qué se Tensa el "Músculo del Alma"?
Desde la visión del Reiki y las terapias holísticas, el psoas es nuestro "músculo de la supervivencia". Es el que se activa instintivamente para la lucha o la huida. Se tensa cuando tenemos que correr, pero también cuando vivimos en un estado de alerta constante, con miedo, ansiedad o estrés.
Este músculo está íntimamente conectado con nuestros chakras raíz (Muladhara) y sacro (Svadhisthana). El primero nos conecta con la tierra, la seguridad y la estabilidad. El segundo, con nuestra creatividad, nuestras emociones y relaciones. Un psoas contracturado es, a menudo, el reflejo de una energía vital (Ki o Chi) bloqueada en estas áreas. Es el resultado de inseguridades profundas, miedos no procesados o una incapacidad para fluir con la vida. El cuerpo, sabiamente, nos obliga a parar y prestar atención a través del dolor.
Puntos Energéticos Clave para Liberar el Dolor
En la terapia energética, trabajamos sobre los meridianos, canales por los que fluye nuestra energía vital. Para aliviar el dolor lumbar y ciático asociado al psoas, nos enfocamos en puntos de los meridianos de Vejiga y Vesícula Biliar, que recorren la espalda y el lateral de las piernas. Algunos puntos clave son:
Vejiga 23 (Shenshu): Ubicado en la espalda baja, a ambos lados de la columna a la altura de la segunda vértebra lumbar. Es el punto de asentimiento del riñón, que en medicina oriental se asocia con el miedo y la fuerza vital.
Vejiga 40 (Weizhong): Justo en el centro del pliegue detrás de la rodilla. Es un punto maestro para el dolor lumbar.
Vesícula Biliar 30 (Huantiao): En el centro del glúteo, en la zona de rotación de la cadera. Es fundamental para liberar la tensión que comprime al nervio ciático.
Vesícula Biliar 34 (Yanglingquan): Ubicado justo debajo y delante de la cabeza del peroné, en el lateral de la pierna. Es el punto de influencia de los músculos y tendones.
La simple presión suave y sostenida en estos puntos mientras se respira profundamente puede empezar a liberar la energía estancada.
Tratamiento Energético con Reiki sobre la Espalda Lumbar
Un tratamiento de Reiki para un psoas tenso es una experiencia profundamente relajante y liberadora. El consultante se recuesta cómodamente mientras yo, como canal de la Energía Universal, posiciono mis manos suavemente, sin presionar, sobre las zonas clave.
Inicio en la zona lumbar y sacra: Comienzo aplicando Reiki sobre la espalda baja. Aquí, la energía no solo trabaja sobre los músculos y vértebras, sino que busca disolver los bloqueos en los chakras inferiores. La persona a menudo siente un calor profundo y una sensación de "soltar".
Posición sobre el abdomen: Con la persona boca arriba, coloco mis manos sobre el bajo vientre, en la zona de la ingle, donde el psoas es más accesible (aunque de forma indirecta y sutil). No se trata de un masaje, sino de permitir que la energía penetre y libere la tensión acumulada, a menudo conectada con emociones guardadas.
Recorrido energético: Continúo el tratamiento a lo largo de las piernas, siguiendo el recorrido del dolor y los meridianos afectados, finalizando en los pies para enraizar y asentar la energía.
El objetivo es calmar el sistema nervioso, pasar del modo "lucha o huida" al modo "reposo y reparación", permitiendo que el psoas deje de percibir una amenaza constante y finalmente se relaje.
Tips de Fisioterapia para Estirar y Liberar tu Psoas
El trabajo energético es poderoso, y combinado con la conciencia corporal, sus efectos se multiplican. Aquí tienes algunos estiramientos suaves que puedes incorporar en tu día a día:
Estiramiento del Caballero: Arrodíllate sobre una rodilla (puedes usar un cojín). La otra pierna debe estar adelante con el pie apoyado en el suelo, formando un ángulo de 90 grados. Manteniendo la espalda recta, desplaza suavemente la cadera hacia adelante hasta sentir un estiramiento en la parte frontal de la cadera de la pierna arrodillada. Sostén 30 segundos sin rebotar y cambia de lado.
Rodilla al Pecho: Acuéstate boca arriba. Lleva una rodilla hacia tu pecho, sujetándola con ambas manos. Mantén la otra pierna completamente estirada y en contacto con el suelo. Deberías sentir el estiramiento en la cadera de la pierna extendida. Respira profundamente y mantén la posición 30 segundos. Cambia de pierna.
El Puente Consciente: Tumbado boca arriba con las rodillas flexionadas y los pies apoyados en el suelo al ancho de las caderas. En lugar de simplemente levantar la pelvis, concéntrate en alargar la parte delantera de tus caderas mientras elevas suavemente la pelvis del suelo. Sostén unos segundos y baja lentamente.
Escucha a tu cuerpo. Si duele, detente. El objetivo es invitar al músculo a ceder, no forzarlo.
Tu dolor lumbar, tu ciática, esa rigidez que te limita... pueden no ser solo un problema mecánico. Pueden ser una invitación a mirar hacia adentro, a gestionar tu estrés de otra manera y a liberar las emociones que te mantienen en un estado de tensión perpetua. Sanar el psoas es sanar una parte profunda de tu ser. Es darle permiso a tu alma para que deje de gritar y empiece a fluir.
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